Un campo en apariencia ordinario en las afueras de Illescas, a caballo entre Toledo y Madrid, guarda uno de los secretos prehistóricos más importantes descubiertos en España en los últimos años. El yacimiento de Valdelasilla acaba de ser confirmado como la necrópolis monumental más antigua documentada en el interior de la Península Ibérica, con una antigüedad de más de 6.000 años. El hallazgo ha sido publicado en el Cambridge Archaeological Journal por un equipo de investigadores de varias universidades españolas liderado por la profesora Rosa Barroso Bermejo, de la Universidad de Alcalá (UAH), y está sacudiendo los cimientos de lo que se creía saber sobre el megalitismo europeo.

El descubrimiento no surgió de una campaña arqueológica planificada para buscar restos prehistóricos, sino de una excavación preventiva realizada entre 2020 y 2021 antes del desarrollo urbanístico de la zona. En una gran área de 45 hectáreas se identificaron un total de 454 estructuras de diversa morfología y contenido, distribuidas en 11 hectáreas. De ellas, 15 contenían restos humanos. Lo que los arqueólogos encontraron bajo el suelo de esa franja de la Meseta castellana dejó a los investigadores sin palabras: tumbas extraordinariamente bien conservadas, espacios funerarios organizados con una lógica que hoy reconocemos como la de un verdadero cementerio, y unas dataciones que nadie esperaba.

Las primeras fases funerarias del yacimiento se sitúan entre el 4.336 y el 4.062 antes de Cristo, lo que coloca a Valdelasilla en los albores del megalitismo peninsular, en paralelo cronológico con los grandes cementerios de las zonas costeras atlánticas y mediterráneas que durante décadas monopolizaron el relato académico sobre el origen de estas prácticas en la Península. La actividad en el yacimiento continuó durante milenios, dividida en cinco fases, desde finales del quinto milenio a.C. hasta mediados del tercer milenio a.C., lo que convierte este enclave en un espacio de uso funerario continuado durante cerca de dos mil años.

Las estructuras halladas se dividen en dos grandes categorías. Por un lado, fosas de aproximadamente 1,50 metros de diámetro y menos de un metro de profundidad, destinadas a individuos aislados. Por otro, cámaras de entre 2 y 6 metros de diámetro que albergaban inhumaciones individuales, dobles, triples y colectivas. Estas cámaras fueron construidas combinando madera, piedra y arcilla, y aunque los materiales orgánicos han desaparecido con el paso de los siglos, las huellas de poste y las zanjas de cimentación que quedaron en el terreno confirman que las estructuras tenían un levantamiento aéreo, es decir, que se proyectaban hacia arriba y eran visibles en el paisaje. Esa voluntad de visibilizar la muerte, de hacer los enterramientos monumentales y reconocibles, es precisamente la seña de identidad del megalitismo.

Entre todas las estructuras, destaca una tumba de especial envergadura, catalogada como VLD-T450. Se trata de una cámara circular de gran tamaño rodeada por un foso circular de 36 metros de diámetro que creaba una especie de recinto sagrado. Tanto la cámara como el foso tenían la entrada orientada al sureste, lo que evidencia una planificación arquitectónica cuidada y deliberada. Alrededor de esta tumba principal se agrupaban otras de menor tamaño, lo que ha llevado a los investigadores a hablar de grupos familiares con un espacio propio y adscrito dentro de lo que ya puede denominarse sin reservas un cementerio organizado.

El yacimiento también deparó hallazgos que hablan de la complejidad social de aquellas comunidades. Entre los ajuares recuperados se encontraron fragmentos de cerámica, herramientas líticas y restos faunísticos, además de conchas marinas que evidencian contactos con zonas alejadas del interior peninsular. En varios huesos y sedimentos se detectó pigmento rojo de óxido de hierro, un elemento habitual en los enterramientos colectivos megalíticos peninsulares. El episodio final del yacimiento resulta especialmente llamativo: en el tercer milenio a.C. se depositaron restos humanos de forma claramente simbólica dentro del recinto circular, distribuyéndolos entre cuatro hoyos de poste, y se construyó una nueva cámara que funcionó como osario de 17 individuos. Lo más impactante de esta fase final es la disposición de hasta diez cráneos colocados deliberadamente alrededor del perímetro del recinto, una práctica que los investigadores interpretan como posible reivindicación de derechos territoriales.

El impacto científico del hallazgo va más allá de los datos concretos del yacimiento. Durante décadas, el modelo dominante en la arqueología europea sostenía que el megalitismo, entendido como la práctica de construir grandes monumentos funerarios visibles y duraderos, había llegado al interior de la Península Ibérica desde las costas atlánticas y mediterráneas, y que las comunidades de la Meseta habrían adoptado estas prácticas con retraso, como receptoras pasivas de influencias externas. Valdelasilla desmonta esa narrativa de forma rotunda. Las dataciones demuestran que en el interior peninsular existió un desarrollo temprano, simultáneo al de las regiones costeras, con una voluntad propia de monumentalidad y una organización funeraria sofisticada que no tiene nada que envidiar a la de los grandes megalitos atlánticos.

En palabras de la investigadora principal, lo que el yacimiento muestra es que tanto en la costa como en el interior hubo focos independientes de aparición de esos monumentos funerarios, con desarrollos paralelos y creativos. El interior, durante mucho tiempo visto como una zona periférica y tardía en la historia del megalitismo europeo, resulta ser en realidad un espacio pionero.

Valdelasilla no es solo un cementerio prehistórico de 6.000 años. Es la prueba de que la Meseta castellana fue, desde el principio, un escenario activo de la gran revolución funeraria y simbólica del Neolítico. Y todo ello estaba oculto bajo un campo de Illescas, esperando a que alguien tuviera la paciencia de excavarlo antes de que las excavadoras de la urbanización lo borraran para siempre.

 



FUENTES:

Cambridge Archaeological Journal — Barroso Bermejo et al. 2026: "Nuevas fechas para el surgimiento del fenómeno megalítico en la meseta ibérica: las prácticas funerarias de Valdelasilla, Toledo (España)"

National Geographic Historia — "Valdelasilla (Toledo): la necrópolis monumental más antigua del interior ibérico reescribe el origen del megalitismo"

La Brújula Verde — "Encuentran en Toledo la necrópolis megalítica monumental más antigua del interior de la Península Ibérica"

Gizmodo en Español — "Descubren en Toledo la necrópolis monumental más antigua del interior de la Península Ibérica"

Muy Interesante — "El hallazgo de una necrópolis monumental de 6.000 años en Toledo desafía lo que sabíamos sobre el megalitismo en Europa"

El Debate — "Hallan en Toledo la necrópolis monumental más antigua del interior de la Península"

EFE / El Diario — "Una necrópolis de 6.000 años, la más antigua de la península, en plena zona de desarrollo urbanístico de Illescas"

Postposmo — "Hallazgo de la necrópolis monumental más antigua del interior peninsular en Toledo"