
L
a historia de la prostitución en Mula, municipio situado en la cuenca del río homónimo dentro de la Región de Murcia, refleja con fidelidad los grandes ciclos históricos que atravesó la Península Ibérica. Desde los primeros asentamientos íberos y romanos hasta la compleja realidad del siglo XXI, el comercio sexual ha estado presente en esta localidad como en tantos otros núcleos urbanos del Mediterráneo occidental, adaptándose a cada época, a cada poder político y a cada moral dominante. El presente artículo recorre esa larga trayectoria apoyándose en las fuentes documentales disponibles y en el contexto histórico regional.

1. ÉPOCA PRERROMANA Y ROMANA (siglos III a.C. – V d.C.)
El territorio de la actual Mula estuvo habitado desde época ibérica, como atestiguan los restos arqueológicos documentados en el entorno del Cerro del Castillo y en diversos puntos del valle del río Mula, recogidos en la Carta Arqueológica de la Región de Murcia. Los pueblos íberos que poblaron esta cuenca mantenían contacto con colonizadores griegos y cartagineses, culturas en las que la prostitución sagrada y la prostitución laica convivían con cierta normalidad social.
Con la romanización, a partir del siglo II a.C., la región quedó integrada en la Hispania Citerior y posteriormente en la provincia Carthaginensis. Carthago Nova (Cartagena) era el principal polo urbano y comercial del sureste, y su influencia se extendía a los núcleos menores del interior, entre ellos el asentamiento romano cuyo topónimo exacto en las fuentes latinas no ha sido establecido con certeza por la investigación actual. En las ciudades romanas la prostitución estaba regulada y fiscalizada: las meretrices debían inscribirse ante el edil local, pagar el tributum scortorum y portaban una licencia denominada licentia stupri. Aunque no existe documentación directa sobre un lupanar en el asentamiento romano de Mula, la lógica de los caminos militares y comerciales que cruzaban la zona hacía verosímil la presencia de tabernae con servicios sexuales en las mansiones y mutationes del trayecto, siguiendo el patrón habitual en los asentamientos secundarios del sureste peninsular.
Los hallazgos de monedas, cerámicas de importación y restos de estructuras en el término municipal de Mula confirman una actividad económica y social de cierta entidad durante el período romano.
2. ÉPOCA VISIGODA Y ALTOMEDIEVAL (siglos V – VIII)
La caída del Imperio Romano de Occidente y la llegada de los visigodos supusieron un cambio radical en el tratamiento moral y jurídico de la prostitución. La Iglesia Católica, convertida en institución rectora, condenó la práctica aunque con una ambigüedad notable: san Agustín de Hipona ya había advertido que suprimir la prostitución era tanto como llenar el mundo de sodomía, argumento que la teología medieval repetiría durante siglos.
El Liber Iudiciorum visigodo penalizaba el lenocinium (el proxenetismo) con mayor dureza que el ejercicio individual de la prostitución. En la zona de Mula, que formaba parte del territorio dependiente de la sede episcopal de Carthago Spartaria, la vida urbana decayó notablemente respecto al período romano, lo que hace suponer una reducción paralela de cualquier actividad comercial organizada, incluida la sexual.
3. AL-ÁNDALUS (711 – 1243)
La conquista islámica transformó profundamente el territorio murciano. Mula —conocida en árabe como Mūla— fue una población de tamaño medio dentro de la cora de Tudmīr, y más tarde del reino taifa de Murcia. La sharia islámica prohibía la prostitución bajo penas severas, pero la historiografía ha documentado con amplitud su existencia en las ciudades andalusíes, camuflada en ocasiones bajo la figura de las qiyan (esclavas cantoras y cortesanas) o ejercida en la periferia de los zocos y en los arrabales extramuros.
Ibn Hawqal, geógrafo árabe del siglo X, describió en su Kitab Surat al-Ard la presencia de mujeres de vida alegre en diversas ciudades del Sharq al-Ándalus, región que englobaba el sureste peninsular. La esclavitud doméstica y el concubinato, ambos reconocidos jurídicamente en el derecho islámico clásico, creaban una zona gris en la que el comercio sexual podía desenvolverse sin nombrarse abiertamente como tal.
En Mula, el castillo árabe —cuya construcción se desarrolló a lo largo de los períodos omeya y taifa— articulaba la vida urbana en torno a la medina amurallada. La estructura compacta y vigilada de la ciudad islámica dificultaba el ejercicio público de la prostitución, que quedaría relegada, como en otras ciudades andalusíes, a los márgenes físicos y sociales de la comunidad.
4. LA RECONQUISTA Y LA BAJA EDAD MEDIA (1243 – 1500)
Mula fue incorporada a la Corona de Castilla en 1243, en el marco del Pacto de Alcaraz, mediante el cual el reino taifa de Murcia aceptó el protectorado castellano. Posteriormente el señorío de Mula pasó a distintos titulares de la nobleza castellana y fue objeto de repoblación con colonos procedentes del norte peninsular. Esta transformación demográfica modificó profundamente las estructuras sociales y la moral pública de la localidad.
En la Castilla bajomedieval la prostitución estaba tolerada y, en muchos municipios, institucionalizada mediante las llamadas mancebías o putanerías, casas públicas de propiedad municipal o señorial cuya gestión se arrendaba a un padre o madre de la mancebía. Las Partidas de Alfonso X reconocían la figura de la ramera como un mal necesario para evitar males mayores, siguiendo la doctrina agustiniana.
No se conservan —o no han sido localizadas hasta la fecha— ordenanzas municipales de Mula de este período que regulen expresamente la mancebía. No obstante, el patrón era tan generalizado en los municipios castellanos de similar tamaño que resulta razonable suponer la existencia de algún tipo de prostitución organizada, quizá en el arrabal extramuros que comenzaba a formarse al pie del castillo. Las menciones directas a la prostitución en Mula durante este período son escasas y dispersas en los archivos municipales y episcopales de Murcia, a la espera de una investigación documental sistemática.

5. LOS SIGLOS XVI Y XVII: MANCEBÍAS Y MORALIZACIÓN
El siglo XVI fue el momento de mayor esplendor y también de mayor conflicto moral en torno a la prostitución institucionalizada. Las mancebías municipales estaban plenamente normalizadas en la primera mitad del siglo, pero el movimiento reformista católico, acentuado tras el Concilio de Trento (1545–1563), empujó a la monarquía hispánica hacia una política de cierre progresivo.
Felipe II impulsó diversas medidas restrictivas sobre las casas de prostitución a lo largo de su reinado, y en 1623 Felipe IV las prohibió formalmente mediante una pragmática que, en la práctica, tuvo escasa eficacia y fue revisada en 1661 ante la evidencia de que la prostitución clandestina resultaba más peligrosa para el orden público que la regulada.
En Mula, este período coincide con una etapa de relativa prosperidad agraria y auge demográfico. Cabe suponer que los archivos parroquiales de la Iglesia de la Encarnación —principal templo de la localidad— y los fondos del Archivo Municipal de Mula pudieran contener pleitos y causas por escándalo público o amancebamiento, como ocurre en municipios murcianos de similar entidad; sin embargo, esta documentación no ha sido objeto de una investigación específica publicada sobre Mula hasta la fecha.
La Inquisición dejó huella en toda la región murciana: los fondos del tribunal de Murcia, conservados en el Archivo Histórico Nacional, contienen procesos del siglo XVII relacionados con conductas sexuales al margen de la moral oficial, aunque la identificación de casos específicos vinculados a Mula requiere una revisión archivística directa.

6. EL SIGLO XVIII: ILUSTRACIÓN Y DEBATES REFORMISTAS
El pensamiento ilustrado español replanteó la cuestión de la prostitución desde una óptica higienista y económica. Jovellanos, Campomanes y otros reformistas debatieron si la prostitución debía ser tolerada, regulada o erradicada. La Real Academia de Medicina comenzó a asociar la prostitución con la propagación de la sífilis —la "enfermedad gálica"— introducida en Europa desde finales del siglo XV.
En el sureste peninsular, la creación de los catastros y padrones de la época borbónica ofrece datos más precisos sobre la estructura social urbana. El Catastro de Ensenada (1752) para el municipio de Mula registra la población activa por oficios, pero la prostitución, obviamente, no aparece como categoría declarada. Sin embargo, los padrones municipales y los libros de visitas pastorales del obispado de Cartagena-Murcia mencionan con cierta frecuencia a mujeres solas, viudas o forasteras en situación económica precaria que vivían al margen de la moral establecida.
La villa de Mula contaba en el siglo XVIII con una población estimada de varios miles de habitantes, un mercado semanal activo y ferias estacionales que atraían a comerciantes, arrieros y jornaleros de la comarca. Estos ciclos de afluencia masculina eran, históricamente, el principal motor de la demanda de servicios sexuales en las localidades de interior.

7. EL SIGLO XIX: REGULACIONISMO Y PRIMERA MODERNIDAD
El siglo XIX trajo consigo el modelo regulacionista, importado de Francia, que se convirtió en el paradigma dominante en la España de la Restauración. Bajo este sistema, las prostitutas debían inscribirse en un registro municipal, someterse a inspecciones médicas periódicas y ejercer en casas toleradas o de lenocinio bajo supervisión de las autoridades locales.
El Reglamento de Sanidad Municipal de la provincia de Murcia de 1867, y las sucesivas reformas de los reglamentos locales de higiene, establecieron el marco legal en el que operaban las casas toleradas de localidades como Mula. Los archivos municipales de la época —especialmente los legajos de Sanidad y Gobernación— son la fuente primaria para documentar esta realidad, aunque su estudio sistemático para el caso de Mula está aún pendiente de realización.
Siguiendo el patrón habitual en los municipios españoles de la época, cabe suponer que la prostitución en el Mula decimonónico se concentrara en las zonas periféricas de la localidad, cerca del río y de las principales vías de entrada, una topografía común a muchas ciudades españolas donde la zona de tolerancia se situaba en los márgenes físicos y sociales del núcleo urbano. Las actas municipales de finales del siglo XIX, de existir referencias en este sentido, se conservarían en el Archivo Municipal de Mula o en el Archivo General de la Región de Murcia.
8. PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX: ABOLICIONISMO Y SEGUNDA REPÚBLICA
El debate entre regulacionismo y abolicionismo se intensificó en España durante las primeras décadas del siglo XX, impulsado por el movimiento feminista incipiente, las organizaciones obreras y las ligas de moralidad católica.
La Segunda República Española (1931–1939) fue el período de mayor avance abolicionista: en 1935 el gobierno republicano promulgó el decreto de abolición de la prostitución reglamentada, cerrando los registros municipales y las casas de lenocinio oficialmente toleradas. Más tarde, ya durante la Guerra Civil, Federica Montseny —ministra de Sanidad entre noviembre de 1936 y mayo de 1937— impulsó medidas de asistencia social a las mujeres que habían ejercido la prostitución, dentro de una política más amplia de reforma social libertaria. En Mula, como en el resto de los municipios españoles, el decreto abolicionista de 1935 tuvo una aplicación práctica desigual: las redes informales continuaron operando, aunque sin la cobertura legal anterior.
La contienda civil (1936–1939) supuso una disrupción brutal del orden social. Mula estuvo en zona republicana durante la mayor parte de la guerra, lo que la situó en el ámbito de las reformas sociales impulsadas por las distintas fuerzas del Frente Popular, aunque la documentación disponible sobre la vida cotidiana del municipio en ese período sigue siendo fragmentaria.

9. LA DICTADURA FRANQUISTA (1939 – 1975)
El franquismo adoptó inicialmente una postura profundamente ambigua: mientras el discurso oficial nacional-católico condenaba la prostitución como vicio y pecado, el régimen permitió de facto el funcionamiento de casas de tolerancia, consciente de su función como válvula de escape social. En 1956, bajo la presión de organismos internacionales, el régimen promulgó el decreto de abolición oficial de la prostitución reglamentada y el cierre de las casas de tolerancia, aunque sin penalizar el ejercicio individual de la prostitución.
En la práctica, la prostitución en localidades como Mula continuó existiendo en bares, pensiones y en el entorno de las carreteras nacionales. El desarrollo del turismo de masas en la costa murciana a partir de los años 60 creó nuevos focos de demanda que reorientaron parte del negocio hacia la franja litoral, aunque el interior mantuvo sus propias dinámicas locales.
Las fuerzas del orden franquistas aplicaban las figuras de "escándalo público" y "vagabundeo" contra las mujeres que ejercían la prostitución, mientras los clientes quedaban prácticamente impunes, una asimetría característica del sistema punitivo del régimen en esta materia.
10. LA TRANSICIÓN Y LA DEMOCRACIA (1975 – 2000)
La Transición democrática y la aprobación de la Constitución de 1978 no resolvieron el vacío legal en torno a la prostitución. España adoptó un modelo abolicionista de facto: la prostitución entre adultos no está tipificada como delito, pero tampoco está regulada como actividad laboral. El proxenetismo y la trata de personas sí son delitos penados por el Código Penal.
En Mula, como en el conjunto de España, los años 80 y 90 vieron proliferar los clubs de alterne en las carreteras nacionales y comarcales. Las vías de comunicación que articulan la comarca de Mula con Murcia capital, Caravaca de la Cruz y Cieza fueron el escenario habitual de este fenómeno. Estos locales, registrados como bares o locales de ocio, operaban en una zona gris legal que combinaba la hostelería con la prestación de servicios sexuales.
El fenómeno de la inmigración, que se intensificó en España a partir de los años 90, introdujo una nueva dimensión en la prostitución: mujeres procedentes de América Latina, África Subsahariana y Europa del Este comenzaron a aparecer en los circuitos de prostitución de la Región de Murcia, incluyendo las áreas rurales y semiurbanas de su interior.
11. EL SIGLO XXI: TRATA, DEBATE POLÍTICO Y REALIDAD LOCAL
El debate sobre la prostitución en la España del siglo XXI se ha polarizado entre los sectores abolicionistas —que reclaman la penalización del cliente siguiendo el modelo sueco— y quienes defienden la regulación laboral del trabajo sexual. Ninguno de los dos modelos ha sido adoptado de manera definitiva a nivel nacional, aunque varias comunidades autónomas han promulgado ordenanzas y leyes contra la prostitución en espacios públicos.
La Región de Murcia aprobó en 2013 la Ley de protección de las víctimas de trata, prostitución y explotación sexual, que introdujo medidas de sanción a quienes demanden servicios sexuales en la vía pública. A nivel local, el municipio de Mula —con una población de aproximadamente 17.000 habitantes según el Padrón Municipal— presenta los patrones propios de los municipios rurales de tamaño medio: la prostitución se ejerce principalmente en clubs de carretera y, crecientemente, a través de plataformas digitales y aplicaciones de contactos.
Las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la Región de Murcia, como Apramp (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida) y Cruz Roja Española, desarrollan programas de atención a mujeres en situación de prostitución en toda la comunidad autónoma. Según sus informes, una proporción significativa de las mujeres en situación de prostitución en el ámbito rural murciano son víctimas de redes de trata procedentes del exterior.
CONCLUSIÓN
La historia de la prostitución en Mula es, en el fondo, la historia de las tensiones que toda sociedad mantiene entre la demanda masculina de servicios sexuales, la necesidad económica de las mujeres más vulnerables y los intentos del poder político y religioso por regular, suprimir o instrumentalizar esa realidad. Desde el posible comercio sexual en los caminos romanos hasta el club de carretera del siglo XXI, los actores cambian pero la estructura de desigualdad subyacente permanece. La comprensión histórica de este fenómeno es indispensable para cualquier política pública que pretenda abordarlo con rigor, justicia y perspectiva de género.
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FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
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Categoría : Historia Local / Sociedad
Autor: [Angel Garcia]
Fecha: Marzo de 2026
Etiquetas: Mula, historia, sociedad, Murcia, edad media, época romana



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