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n 1839, Daguerre dio inicio fotografía como negocio través de su invento daguerrotipo (1), con el que consiguió fijar los retratos. Sin embargo, no serla hasta las décadas de 1870 80 cuando los gabinetes fotográficos proliferaron por España; En ese contexto José Gil Candel abrió su estudio de fotografía en la villa de Mula hacia 1886. Durante décadas fotógrafo lo mantendrá el monopolio del negocio, interrumpido solo en contadas ocasiones con la llegada de profesionales itinerantes. Durante sus años en el ejercicio de fotografía dejó Infinidad de retratos de los muleños. Instantáneas de distintos rincones de ciudad eventos celebrados en la misma El estudio, heredado por los hijos de José, tocaría fin en los años cuarenta, cuando Francisco pequeño de la familia entonces gente del gabinete, cerró el negocio marchó a Madrid junto su familia.
El 27 de enero de 1839, el Semanario Pintoresco Español daba conocer en España el descubrimiento del francés Louis Daguerre: daguerrotipo: Aquel invento consistió en un decisivo avance para la fotografía, pues consiguió fijar la imagen y que esta perdurase en el tiempo. Sin embargo; sería el calotipo talbotipo, desarrollado por Henry Fox Talbot en 1841, el invento que permitiría una mayor expansión de la fotografía, tanto por economizar su producción como por la mayor duración de los retratos' (Fontanella, 1981).
En la década de 1860, la profesión de la fotografía experimentó un cambio sustancial con una nueva generación de fotógrafos que establecieron estudios fijos frente a los itinerantes de la época anterior (Martínez Jódar; 2019). Pero fue en las dos siguientes décadas cuando la apertura de estudios se generalizó por toda España: A aquellos hombres memorables de la primera y segunda generación sucedió una legión innúmera de simples ganapanes que ejercieron su oficio en los más remotos rincones de la nación.
Los años setenta y ochenta fueron testigos de una verdadera masificación de los estudios fotográficos. (López Mondéjar; 2005, p. 64) Ese fue el caso de José Gil Candel en la villa de Mula. Un humilde jornalero que encontró en la fotografía un oficio para ganarse el pan en una pequeña ciudad del interior de la Provincia de Murcia. No hay más que ver una muestra de sus fotografías para advertir el escaso nulo componente artístico sus retratos En muchas ocasiones, ni siquiera el enfoque es bueno, en otras la fijación de los positivos era deficiente: No era su cometido hacer arte de sus trabajos, sino vender un producto que sirviera de sustento familiar Podríamos tildarlo de artesano, más que de artista Sin embargo, fue el padre de la fotografía en Mula, en tanto que fue el primero en establecer un estudio fotográfico fijo, el cual mantuvo durante décadas monopolio de la profesión, salvo contadas excepciones en que llegaron fotógrafos itinerantes.
La gran expansión urbana que había experimentado la villa de Mula durante el siglo XVIII se ve paralizadas finales del mismo siglo (2). La centuria del ochocientos será muy distinta la anterior: El entramado urbano se mantiene invariable, sin nuevas zonas de crecimiento. Los convulsos sucesos desarrollados 1o largo del siglo supusieron una constante inestabilidad política poco favorable para las grandes fortunas La abolición de los mayorazgos tampoco ayudó, pues se tradujo en una merma importante en el patrimonio de las clases más acomodadas de la villa. El patrimonio familiar se dividía entre los diversos herederos y mantener el tren de vida al que acostumbraban era complicado. Con motivo de lo expuesto, los grandes palacetes barrocos dividen entre diversos hermanos.
En ocasiones necesidad de rentabilizar las propiedades para obtener capital lleva a los dueños de esos palacios partir pequeñas casas aprovechando algunas habitaciones que son alquiladas por otras familias. Lo mismo ocurre con el Convento de San Francisco tras ser desamortizado en 1836 y con el Palacio del Marqués de los Vélez ya desde mediados de siglo.
Las únicas excepciones son la Torre del Reloj, levantada en 1806 a costa de demoler la vieja torre del siglo XVII (Fernández del Toro, 2018);el Teatro Lope de Vega, levantado en 1846 en la desembocadura de la calle del Caño (Madoz; 1989) y derribado tan solo veinte años después para abrir la carretera de Murcia (Archivo Municipal de Mula en adelante AMML ~, 1868); el Heredamiento de Aguas, construido en 1865 para llevar cabo las subastas de agua, (Fernández del Toro, 2017); la plaza de toros de San Fernando, erigida en 1871 (González Castaño; 2016),y el Teatro de Mula, levantado en 1895 junto a la plaza de la Recova.
Surgen además dos nuevos espacios urbanos que acercan la villa a la modernidad del siglo. El primero es el cementerio; construido en 1830 y colmatado en 1885 tras la epidemia de cólera morbo asiático que llevó a la tumba cerca de doscientas personas; En sustitución de aquel, se abrió un nuevo camposanto en el cabezo de San Sebastián en 1900 el actual de San Ildefonso (Fernández del Toro, 2022) El segundo es la Alameda de San Francisco, plantada comienzos del siglo en la antigua plaza del Mercado, donde se proyectó y ejecutó un paseo en la década de 1860 (Fernández Del Toro 2024).
La inestable situación política de la centuria cambió en el último cuarto de la misma, cuando retornó al poder la monarquía durante la Restauración Borbónica. No obstante; este periodo no estuvo exento de convulsos sucesos. En el caso de Mula; la década de 1870 termina con fuertes enfrentamientos entre clanes políticos que desembocaron en el asesinato de Ricardo Portillo Belluga; lugarteniente junto a sus hermanos del liberal Evaristo Llanos Ragué, y con el afianzamiento en el poder del Partido Conservador; con la familia Perea al frente, quienes se erigieron en caciques locales durante décadas.
En ese contexto, Mula descubre algunos de los inventos que otras ciudades disfrutaban ya desde hacía décadas, signo inequívoco del estancamiento que la villa sufría. Así, llega el alumbrado público a base de petróleo hacia 1860 (AMML, 1859), el cual fue sustituido en 1897 por electricidad gracias la fábrica de luz establecida por Antonio Cuadrado Pérez de Valladolid (La Lata, 1897). Las comunicaciones con el exterior se mejoran con la construcción de la carretera de Murcia en la década de 1860 y con la Llegada del telégrafo a la villa, cuya estación fue inaugurada en 1888 (González Castaño, 2016). No menos importante fue la apertura del primer establecimiento tipográfico de la ciudad, la <Imprenta de Mula, fundado por Basilio Robres Mañas en 1889 (González Castaño, 1996). Yen 1898 tan solo tres años después de su invención por los hermanos Lumiere, los muleños conocen el cinematógrafo (González Castaño, 2020). Otro de los grandes inventos del siglo XIX fue la fotografía A través de este trabajo conoceremos el primer 'gabinete de fotografía establecido en Mula.
La apertura del primer estudio de fotografía estable en Mula tuvo lugar en la década de 1880 y fue obra del muleño José Gil Candel.
Nuestro fotógrafo nació el 2 de junio de 1858, fruto del matrimonio entre el muleño Francisco Gil Guardiola y la ricoteña María de la Concepción Candel Lauri (Archivo Parroquial de Santo Domingo de Guzmán en adelante APSDG, 1858).
José fue el menor de ocho hermanos de una familia humilde dedicada a la molienda de cereales(3). Su padre y su tío, Pedro Gil Guardiola, regentaban el molino Pintado; que debían de tener arrendado. Con ellos entraron trabajar Francisco y Antonio; hermanos de José, y también lo hará el marido de su hermana Florentina la mayor: No ocurre igual con José, quien debió de laborear desde bien pequeño en el molino; pero pronto pasa a ejercer de labrador o al menos así consta en su ficha militar.
A sus diecinueve años, José era un joven de pelo castaño y ojos pardos, con facciones finas y escasa barba. En su expediente militar consta como un hombre de aire marcial y de estatura menuda, pues no alcanzaba 1,60 m. (Archivo General Militar de Segovia en adelante AGMS, s.f) Con esa edad, en enero de 1878, entra en el sorteo de quintos, como correspondía todos los de su edad.
No obstante, solicita su baja del servicio por tener un hermano ya en las filas y no quedarle madre viuda y pobre otro hijo mayor de diez y siete años (AGMS; sf). Aunque principio se le declaró exento del servicio militar por las alegaciones expuestas, más tarde declaró nula la resolución ante una reclamación y José es llamado para asistir al servicio. En mayo de ese mismo año vuelve alegar la situación de su madre para intentar librarse Sin éxito alguno, nuestro protagonista pasa tres largos años sirviendo al Ejército. Mas no todas las noticias son malas, la suerte está de su lado cuando se sortean los quintos para servir en ultramar y resulta libre.
El mismo día, 29 de marzo pasa formar parte del Regimiento de Infantería de Toledo n33 e incorpora a su batallón que se encuentra acantonado en Orduña (Vizcaya), donde jura bandera. A partir de ese momento, recorrió diversas ciudades del País Vasco hasta finales de año, cuando marcha a Toledo a la Escuela de Tiro. En mayo de 1879 asciende a cabo 19 y pasa a la sección de Tropa de la Academia del Arma por lo que continúa en la misma ciudad. Es marzo de 1881 cuando regresa Mula haciendo uso de licencia ilimitada, aunque perteneciendo a la 6 compañía del 1er Batallón del Regimiento de Infantería de Toledo n 35. En marzo de 1882, pasa al Batallón de Reserva de Lorca, por lo que ya residirá en Mula Por fin, en marzo de 1886 causa baja en el Ejército como licenciado absoluto AMML; sf)
Desde su regreso a su villa natal en 1882, José debió de trabajar como labrador; si no laboreo en el molino familiar, Sin embargo, en el año 1885, su vida dio un giro de ciento ochenta grados por diversos motivos. Aquel año, nada fácil para los muleños, quienes debieron afrontar una dura epidemia de cólera, tampoco lo fue para José quien sufrió un accidente el 5 de julio, al parecer manipulando material pirotécnico; que le costó la mano derecha (El Noticiero de Mula, 05-VII-1891). Desde entonces, para los muleños fue el Manco Gil, apodo que heredarán sus hijos. La desgracia supone un duro golpe para un hombre que vive de sus manos, de su esfuerzo físico. Debe replantearse su vida laboral, más aún con la perspectiva de formar una familia, pues el 24 de diciembre de ese mismo año contrae nupcias con la joven muleña Juana Artero Cano, a la sazón hermana de Cristóbal, el maestro de obras que realizó importantes construcciones como el Casino y el Cine del Centro (actual Teatro Lope de Vega) de la localidad.
El matrimonio comienza ampliar la familia pronto, pues en 1886 nace su primer hijo; a quien seguirán otros cinco retoños, tres niños y tres niñas, nacidos entre ese año y el de 1900.
De todos ellos, sobrevivieron a la infancia Juana, José, María de la Concepción y Francisco.
Ante la necesidad de mantener una incipiente familia y dada su discapacidad física, José recurre al Concejo para que le conceda un cargo municipal que pueda desempeñar para ganarse el pan: Que habiendo tenido la desgracia de perder la mano derecha cuatro años después de haber sido licenciado, recurrí a solicitar un destino en el municipio de esta localidad; que pudiera obtenerlo por ser licenciado del Ejército pero como los destinos en esta estuvieron siempre a merced del Cacique, y los adjudicaba a su gusto capricho sus paniaguados; no pude nunca obtener ningún destino (AMML, sf) Sus intentos son vanos. No hay destino alguno para el manco, quien se ve obligado a reenfocar su vida laboral Se dedica en cuerpo y alma a autoformarse, seguramente través de revistas, compendios y manuales (4), desde luego sin maestro, en las artes de la relojería y la fotografía. Comienza entonces a ejercer ambas profesiones sin más conocimientos que los que yo he adquirido a costa de desvelos y sacrificios (El Noticiero de Mula, 05-VII-1891). Empleos que le darán suficiente trabajo para mantener a la familia que le está por Llegar: Ha de tenerse en cuenta que para entonces ni existían relojeros, ni había estudios de fotografía en Mula.
Pasarán muchos años para que, finalmente, José consiga un cargo municipal, como muchos debieron de ser sus intentos por conseguirlo; En 1902, remite una tarjeta de visita Juan Antonio Perea Martínez con motivo del nombramiento de este como jefe del Partido Conservador en Mula. En ella da la enhorabuena al político y aprovecha para manifestarle que estimaría le concediera la inspección de plaza de este municipio (González Castaño, 2020). Por fin, en 1910 se le nombra encargado del Reloj de la ciudad.
Llegó un día que cambió la política y el jefe del partido (a quien me unía amistad particular sabiendo que yo trabajaba la perfección el oficio de relojero; me adjudicó la custodia del Reloj de la villa (AMML; s.f).
Su labor consistía en dar cuerda diaria al reloj y llevar cabo el mantenimiento de la máquina que cinco años antes había compuesto el afamado relojero Antonio Canseco, Sin embargo; solo pudo ejercer durante año y medio; transcurrido ese periodo fue destituido. Durante años, José volvió a intentar acceder al cargo sin éxito, la última vez en 1924, poco antes de fallecimiento (Fernández del Toro, 2018).
Pero la fotografía y la relojería no fueron sus únicas ocupaciones. Gracias discapacidad física consigue la concesión de un estanco. El mismo cuya nueva apertura solicita la Corporación del Concejo al delegado de Hacienda en septiembre de 1886 (AMML, 1886).
Para entonces ya está ejerciendo como fotógrafo; así lo demuestra la partida de bautismo de su hijo Francisco; quien murió siendo niño (Archivo Parroquial de San Miguel Arcángel ~en adelante APSMA - 1886). Sin embargo, en 1888, cuando bautizan a su hija María Concepción; también fallecida temprana edad, consta ya como estanquero (APSMA, 1888). lugar donde estableció el estanco fue de los más transitados de la ciudad: la calle de las Boticas (La Voz de Mula, 27-X-1889).
José Gil Candel abre su estudio fotográfico en Mula, el primero en existir en la villa, los muleños ya conocen la fotografía: Si bien es cierto que únicamente sería accesible a aquellas personas con cierto poder adquisitivo, pues las familias más humildes no podían permitirse ese tipo de caprichos, también lo es que la fotografía sería un invento ya asumido por los vecinos. No faltaron los fotógrafos ambulantes quienes, llegados desde Murcia y otros lugares, tiraron fotografías en nuestra ciudad. No podemos pasar por alto las instantáneas que Juan Almagro Roca dejó en 1884 para ilustrar la Historia de la Muy Noble y Leal villa de Mula, compuesta por Nicolás Acero y Abad (La Paz de Murcia, 30-XI-1884).
También debemos algunas imágenes fotógrafos amateur; caso de Benito Closa y Ponce de León, un médico que se estableció en Mula para ocupar una plaza como facultativo titular en 1876 (Figura 1). A menudo, en los escasos ratos libres que su profesión se lo permite, Benito anda de aquí para allá retratando a sus convecinos.

Figura 1. Vista de la Casa de las Garitas de Mula, c. 1880. Fotografía de Benito Closa y Ponce de León, Fuente: Crespo, 2002, p. 160.
Como ya sabemos, José el Manco tenía en funcionamiento su gabinete fotográfico en 1886, el cual debió abrir ese mismo año ,a lo sumo, en el anterior: Eligió como lugar para su apertura un pequeño cuarto arrendado y ubicado en el patio trasero de la casa de José María Ibáñez Ruiz, en el número 1 de la calle Oscura. Aprovechando que aquel patio caía a la calle del Pilar; se accedía desde ella directamente al estudio del fotógrafo (La Voz de Mula, 21-VII-1889). Debió de reformar la cubierta del habitáculo para que permitiera el paso de la luz natural, si es que no utilizaba el patio como espacio para retratar y el cuarto para e= revelado y almacén del material. La atención que requería la venta de tabacos le obligaba a estar continuamente en su estanco, por lo que optó por establecer un horario en el que retratar; previo aviso, que iba de las diez de la mañana a las dos de la tarde (La Voz de Mula, 21-VII-1889) Suponemos que sería Juana, su mujer; quien se encargaría de atender el estanco en los ratos que José estaba ausente ejerciendo como fotógrafo. El resto del tiempo que el fotógrafo permanece en el estanco y no atiende a la clientela lo emplea en la composición de relojes, tarea harto sorprendente para una persona que ha de valerse con una sola mano.
Por entonces era costumbre que los gabinetes fotográficos importantes de las grandes ciudades ofrecieran una exposición de retratos de personajes populares en sus escaparates, como un recurso comercial que atraía y entretenía a los transeúntes:
La categoría de los fotógrafos llegó a medirse por la calidad y la cantidad de estos retratos que colocaban en sus escaparates, proporcionando así una distracción añadida a los cientos de curiosos que paseaban por las calles céntricas de las ciudades (López Mondéjar; 2005, p. 54).
Siguiendo el ejemplo de esos grandes estudios en un alarde de inteligencia; José expone un muestrario de sus trabajos fotográficos a las puertas de su negocio; pero no del gabinete sino del estanco (El Noticiero de Mula, 07-VI-1891).
La calle de las Boticas era la vía principal del pueblo. En ella abundaban los comercios y las casas de gentes acomodadas. Los muleños paseaban por ella a diario y el manco sabía que su muestrario atraería el interés de todos, lo que se traduciría en nuevos encargos. Su monopolio en el campo de la fotografía se ve interrumpido en algunas épocas en que vienen fotógrafos itinerantes a establecerse de forma temporal, caso del valenciano Vicente Bernat Plá (Figura 2), quien está tirando instantáneas en Mula en mayo de 1891 (El Noticiero de Mula, 17-V-1891)

Figura 2. Publicidad del fotógrafo Vicente Bernat Pla en el reverso de dos de sus fotografías, 1891. A la izquierda, sello de caucho. A la derecha cartón estampado. Fuente: Colección Particular del Autor (en adelante CPA).
Las visitas de fotógrafos llegados desde otros lugares no agradan en absoluto José, quien recurre a la prensa para publicitarse cuando Llegan otros Durante la estancia de Bernat Plá en Mula, el muleño despliega una batería de anuncios publicitarios aprovechando el periódico local La Voz de Mula, que más tarde mudará su nombre a El Noticiero de Mula, fundado por Basilio Robres Mañas al amparo de su imprenta (Figura 3). El cabreo del fotógrafo local debía de ser extremo cuando escribe una carta a la dirección del periódico El Noticiero de Mula, donde se publica en su edición del 5 de mayo de 1891, mostrando su descontento con quienes recurren a los servicios del retratista foráneo y no a él:
[...] el no menos triste caso de que algunos de los amigos que me acompañaban, hoy por desgracia, no me prestan el apoyo que, como hijo de este pueblo y como amigo, debieran prestarme, y que por dichas razones merezco antes que forasteros.

Figura 3, Anuncio publicitario de la galerfa fotográfica de José Gil Candel, 17-V-1891,Fuente: El Noticiero de Mula.
Con sumo gusto comenzaría a leer la carta de despedida que Bernat Plá publicó en el mismo semanario el de octubre, hasta llegar las últimas líneas, donde manifiesta dejar al muleño Serapio Cárceles como discípulo suyo (El Noticiero de Mula, 07-10-1891) Se trataba del joven Francisco Cárceles Urán, quien estableció su propia galería fotográfica en una casa arrendada en la calle Doña Elvira (González Castaño, 2020). La casi inexistencia de fotografías halladas de este retratista manifiesta, para agrado de Gil Candel, el poco tiempo que debió de permanecer abierto el estudio de Serapio.
Nuestro fotógrafo no limita al ámbito de su estudio. Aprovecha cualquier oportunidad para prestar sus servicios retratando Gracias ello nos ha quedado instantáneas de importantes eventos. Era común también que cada año, aprovechando las temporadas de baños, se trasladase hasta los Baños de Mula donde retrataba a la multitud de bañistas que allí se alojaban (La Lata, 18-1V-1897). En ocasiones dedicaba algunos días a retratar domicilio.
Los negocios del polifacético manco prosperan. Es el único fotógrafo de la ciudad, tampoco hay más relojeros y el tabaco se consume con alegría. Es entonces cuando la familia adquiere un inmueble en propiedad en el número 13 de la calle de las Monas (El Noticiero de Mula, 27-IX-1891) Allí establecen la residencia familiar José aprovecha las cámaras altas de la casa para establecer el estudio de fotografía. Hace una buena inversión adecuando una parte de la cubierta con cristal para dejar el paso de la luz del día, con lo que consigue un ambiente 'propicio para realizar las fotografías (González Castaño, 2020) Allí continuó al frente del estudio Gil Candel, hasta que tomó el relevo José, su hijo mayor: Esto debió de ser entre 1914, que el padre consta como fotógrafo en el censo electoral, y 1917 cuando se publicita por primera vez el estudio familiar como Galería fotográfica. José Gil (hijo)w (Heraldo de Mula, 04-VII-1917) (Figura 4). En 1924, José (hijo) es nombrado oficial interino de quintas en el Ayuntamiento de Mula. Al parecer, continuó durante un tiempo con el estudio; muy probablemente ayudado por su hermano Francisco, quien acabó regentando el negocio; pues así consta ya en 1926 (AMML, 1926). Este último se mantuvo al frente del estudio hasta mediados de la década de 1940, cuando cerró el negocio y marchó junto a su familia a vivir Madrid (González Castaño; 2016).El padre habría fallecido ya en 1925.

Figura 4, Anuncio publicitario de la galería fotográfica de José Gil Artero, 04-XI-1917.Fuente: Heraldo de Mula
La gran mayoría de fotografías conservadas del estudio de los Gil consisten en retratos individuales grupales, casi todas en su estudio: En la primera etapa del gabinete; la de José (padre), encontramos retratos tanto de cuerpo entero como de busto, Las más comunes son; quizás, aquellas en que solo se muestra al retratado sin fondo. No obstante, en los años finales del fotógrafo al frente del estudio; durante la regencia de su hijo José los comienzos de Francisco como propietario del estudio encontramos una misma composición: retratos individuales 0 pequeños grupos (no suelen ser más de cuatro personas) con un fondo pintado.
Sin embargo; también podemos hallar algunas fotos de eventos o vistas exteriores.
Entre estas últimas podríamos hallar las realizadas durante la visita Mula del republicano Rodrigo Soriano en 1908, las que documentan los actos celebrados con motivo del comienzo de las obras del ferrocarril en 1921 una excursión de los Exploradores de Mula junto con los de Lorquí al santuario y montes de El Balate (Figura 6). También existen, aunque son los menos, retratos personales realizados en exteriores. Buen ejemplo de este último sería la fotografía expuesta (Figura 5), la cual recoge a un grupo familiar posando junto a las cascadas de los Baños de Mula, que iban desembocar al río.

Figura 5, Grupo familiar junto a las cascadas de los Bafios de Mula, c.1890, Fuente: CPA.
Al respecto de los tamaños en que fotografiaba José Gil Candel, hemos hallado desde la clásica carte de visite (60 x 90 mm), utilizada normalmente para retratos individuales, hasta las grandes de tipo imperial (170 x 250 mm) que suelen recoger instantáneas grupales como la fotografía familiar en los Baños de Mula expuesta.
Fue muy común que en la década de 1890 salieran del estudio de José Gil fotografías sobre tarjeta con unas dimensiones de 72 x 135 mm y 95 x 135 mm, Todas ellas sobre soporte de tipo tarjeta fotográfica, casi siempre en color blanco, aunque hemos hallado algunos ejemplos distintos, como una tarjeta en color rojo y con orlas doradas en el anverso para enmarcar la instantánea pegada. Además, utilizando en raras ocasiones un modelo de tarjeta de bordes poligonales, Parece ser que es ya en época de José (hijo), cuando las fotografías de un formato similar a la de tipo imperial se montan sobre cartones sin sellar ni grafiar.

Figura 6. Los Exploradores de Mula y de Lorquí de excursión en los montes de El Balate, 1917, Fuente: Francisco Marsilla Pascual.
De gran utilidad para establecer unas fechas aproximadas de los retratos de José Gil Candel es la evolución en la forma de marcar su autoría. Para ello utilizó diversos diseños de tampones, a base de sellos de caucho, y ya en su última etapa empleó tarjetas fotográficas impresas con su marca. Las fotografías más tempranas parece que no las marcaba, dejando la tarjeta fotográfica en blanco, aunque pronto comenzó a utilizar un sello en color azul que, en dos líneas, decía «José Gil Candel / MULA, (Figura 7).
En los años siguientes cambié el sello por otros dos, uno que llevaba la inscripción «]. Gil» y otro que decía «MULA» (Figura 8]. Dependiendo de la ubicación dentro del cartón donde los estampaba, los colocaba uno junto a otro o uno sobre otro. Tampones que pronto cambió por uno solo más decorativo, consistente en un cinturón en el que decía «JOSÉ GIL CANDEL» e inscrito «MULA». Nos consta, por el ejemplar que exponemos (Figura 9), que en 1895 ya estaba utilizando esa tipología de sello y en 1899 aún lo está utilizando, lo que sabemos gracias a otro ejemplar que conservamos fechado en ese año,

Figura 7. Anverso y reverso de una fotografía de José Gil Candel en la década de 1880. En la fotografía, el procurador muleño Lorenzo Jiménez de los Reyes. Fuente: José Fernández Jiménez.

Figuras 8 y 9. Dos tipologías de sellos de caucho en cartones de José Gil Candel, A la izquierda, retrato de un bebe con el sello en el anverso del cartón, bajo la fotografía, c. 1890, A la derecha, reverso de una fotografía con sello de caucho estampado en el cartón de soporte, 1895, Fuente: CPA.
Más tarde, ya en el siglo XX, deja de utilizar los sellos y los sustituye por tarjeras fotográficas que ya adquiere rotuladas con sus datos (Figura 10). Se trata de un diseño con motivos modernistas, donde aparecen los clásicos coup de fuuet o látigos propios del Art Nouveau francés. En ellas se publicita con el nombre de «Fotografía Moderna». En otras ocasiones utiliza el propio cartón sin rotular y sin sellar. Aunque consta la existencia de una tarjeta fotográfica también impresa que parece anterior a este, del que solo hemos visto un ejemplar publicado por González Castaño (2016), por lo que suponemos que no debió de utilizarlo por mucho tiempo.

Figura 10, Fotografía de José Gil Candel sobre cartón de corte modernista con los datos del fotógrafo, c. 1910, Fuente: Francisco Marsilla Pascual.
En sus últimos años, nuestro fotógrafo sustituye la fotografía en papel pegada sobre tarjeta fotográfica para hacer instantáneas directamente sobre tarjeta postal americana. Es una época en la que vuelve a sus orígenes, en tanto que hace retratos de cuerpo entero donde se puede ver el decorado de su estudio. En los años intermedios había cambiado en la mayor parte de sus trabajos, retratando con una sábana blanca de fondo y usando, además, un filtro dentado que creaba una aureola difusa, con lo que conseguía una fotografía en la que únicamente aparecía el retratado, sin fondo o con este muy difuso.
Son muy típicas de la nueva etapa las fotografías en las que se identifica el estudio fotográfico con su clásico fondo consistente en una sábana pintada con un cortinaje y un ventanuco. Como elementos decorativos suele utilizar la misma silla, mesita, soportes para jarrones pintados con un falso marmoleado o de madera, etc. Todo ello muy fácil de identificar, a pesar de que había dejado de sellar o estampar las fotografías para reconocer su autoría (Figuras 11 y 12).

Figura 11. Fotografías de estudio de José Gil Cande]. A la Izquierda el nifio AntonioCuadrado Torres, fotografía en papel sobre cartón, c. 1986. A la derecha, Antonia García Sánchez, c. 1915. Fuentes: Manuel Cuadrado Isasa e Isabel Moya Boluda.

Figura 12. Fotografías en tarjeta postal americana realizadas en el estudio de José Gil Candel, c.1915, Fuente: Manuel Risueño Moreno y Francisco Marsilla Pascual.
Durante los pocos años en que José (hijo) regentó el estudio, cambio en dos o tres ocasiones el fondo, pero continuó usando tarjeta postal americana. El mismo soporte con el que trabajó su hermano Francisco al tomar el relevo, Aunque ya a finales de los años treinta cambió, adaptándose a las modas del momento, la apariencia de sus
trabajos troquelando los bordes de las fotografías. De nuevo volvería a los orígenes del estudio sellando las fotografías en su anverso hasta cerrar el negocio en los años cuarenta, Su padre había fallecido en 1925 y su hermano José desarrolló su vida profesional como funcionario del Ayuntamiento de Mula y de otras localidades.

Figura 13, Fotografía realizada por Francisco Gil Artero sobre media tarjeta postal americana y con bordes troquelados. Fuentes: Isabel Moya Boluda.
(1) El daguerrotipo se hacía sobre planchas metálicas que deban encapsularse en estuches tras la realización de la fotografía para evitar su oxidación. Además, se trataba de Instantáneas directamente tomadas en positivo, por lo que no permitían su reproducción. Sin embargo, el talbotipo calotipo consistía en una toma fotográfica en papel, lo que abarataba producto, y además en negativo dejando la posibilidad de obtener diversos positivos. Este nuevo proceso fotográfico no requería de su encapsulamiento para que la imagen no se perdiese.
(2) Para conocer más sobre desarrollo urbano de Mula en el siglo XVIII, consultar González Castaño, J y González Fernández, R (2005). Mula Repertorio Heráldico (pp. 75-81). Universidad de Murcia.
(3) Según Sánchez Maurandi (1968, 635) el matrimonio tuvo ocho hijos: Florentina (1847), Rosario (1848), María Dolores (1853), Marla de la Encarnación (1852), Francisco {1853), Antonio (1854), María Josefa (1856) José (1858).
(4) Al respecto de los compendios manuales de la época dedicados a las técnicas de la fotografía resulta interesante consultar Listado recogido por Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, Kaulak, en su La Fotografía Moderna. Estudio Compendiado de los conocimientos indispensables al fotógrafo. (Cánovas Del Castillo Vallejo, 1912, Pp. 10y 11)
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Autor: Juan Fernández del Toro.
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Cartagena, ISBN: 978-84-16325-26-9 http://hdl.handle.net/10317/11601
Autor: Juan Fernandez del Toro.
Ultima actualización 2/01/2026
para Mahulalarica.net por Angel Garcia.


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