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ajo las sierras, los barrancos y los paisajes de badlands que rodean Mula se esconde una historia mineral que pocos conocen. Ubicada en el corazón de las Cordilleras Béticas, en la confluencia geológica entre la microplaca Ibérica y la placa Africana, la comarca del Río Mula forma parte de uno de los territorios con mayor complejidad geológica de España. Esta singularidad ha generado, a lo largo de millones de años, una riqueza mineralógica que ha dejado su huella desde la Antigüedad hasta bien entrado el siglo XX.
La clave para entender la minería de Mula y su comarca está en su geología. Según el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), la Región de Murcia debe su extraordinaria diversidad mineral al choque de las placas tectónicas Africana e Ibérica, proceso que formó las Cordilleras Béticas y generó numerosos depósitos minerales en toda la región. Este mismo proceso explica los fenómenos geotérmicos asociados a las fallas activas de la zona, entre los que destacan los Baños Termales de Mula, aprovechados ya por los romanos y hoy referente indiscutible de la comarca.

La cuenca neógena de Mula, reconocida por los geólogos como una de las formaciones sedimentarias más representativas del sureste español, ha permitido además la conservación de yacimientos paleontológicos y mineralógicos de gran valor científico. Los paisajes de badlands que rodean el municipio son la expresión superficial de esa riqueza que subyace bajo tierra.
Un elemento diferenciador del entorno de Mula respecto a otras comarcas murcianas es la presencia de fenómenos volcánicos y subvolcánicos asociados a la geología bética. El IGME señala que son precisamente los procesos magmáticos los responsables del origen de los metales en Murcia. Este segundo momento geológico, el más relevante desde el punto de vista metalogenético, está representado por rocas volcánicas neógenas presentes en toda la comarca y explica la distribución de yacimientos metálicos en el territorio: galena, pirita, óxidos de hierro y manganeso, y trazas de minerales argentíferos forman parte del patrimonio geológico documentado en las formaciones que rodean Mula.
Época romana: el travertino rojo, la piedra de Carthago Nova
La minería más antigua y relevante de la comarca fue la extracción de travertino rojo en los cerros de La Almagra y Alcalá, en la pedanía de Baños de Mula, a unos cinco kilómetros al este de la ciudad. Este material —una roca calcárea formada por precipitación en aguas termales y ambientes fluviolacustres— se explotó de forma sistemática desde época augustea, alrededor del 27 a. C., hasta al menos el siglo VII d. C., con uso intermitente posterior.
Los romanos lo emplearon masivamente en Carthago Nova, la actual Cartagena. Su huella es reconocible hoy en el Teatro Romano, en capiteles, columnas y elementos decorativos del foro y otras construcciones monumentales de la ciudad. Su característico color rojizo, producido por óxidos de hierro, junto a sus excelentes propiedades mecánicas —buena resistencia a compresión, baja porosidad y comportamiento hídrico sobresaliente— lo convirtieron en un auténtico "mármol local" que imitaba con dignidad a los mármoles importados.
Las canteras ocupaban unas siete hectáreas en el cerro de La Almagra, con un espesor máximo de quince metros, y extensiones similares en Alcalá. Los bloques se extraían manualmente, aprovechando en ocasiones el propio peso y la actividad sísmica. Se han catalogado más de 193.920 m³ extraídos visiblemente en la comarca —sin contar cimentaciones ocultas—, con restos de desbaste y una ciudad tardorromana asociada en La Almagra. Ambos cerros forman parte del mismo depósito geológico y están hoy protegidos como Bien de Interés Cultural (BIC) y Lugar de Interés Geológico (LIGMU-32).
Carthago Nova funcionó, además, como el gran centro distribuidor de toda la riqueza mineral extraída del sureste peninsular, incluyendo los territorios de la comarca del Río Mula. Los historiadores clásicos Mela y Plinio dejaron constancia de que los minerales más abundantes en la Hispania romana eran el hierro, el plomo, el cobre, la plata y el oro, y que el control de estos recursos era uno de los principales motores económicos de la presencia romana en estas tierras.
Durante la Edad Media y la Época Moderna el travertino siguió usándose localmente en iglesias, conventos, puentes y edificaciones civiles de Mula y sus alrededores, llegando incluso a emplearse a principios del siglo XX en obras como el ferrocarril Murcia-Caravaca. Más allá de este uso cantero, no hay constancia de una explotación metálica a gran escala durante estos siglos.
Siglo XIX: plomo, fosfatos y la última fiebre minera
El siglo XIX trajo consigo una efervescencia minera que tampoco dejó indiferente a la comarca de Mula. En 1858, en el paraje de la Almolaya de Campíx, en las estribaciones de Sierra Espuña que lindan con el término municipal, se descubrió un importante yacimiento de carbonato y sulfuro de plomo. Este hallazgo desató, según las crónicas de la época, la última gran fiebre minera conocida en la Murcia decimonónica. El filón, explotado bajo el nombre de mina "San Andrés", fue trabajado con tal intensidad que su agotamiento llegó casi tan rápido como la fiebre que lo había desatado.
Décadas más tarde, en 1921, el ingeniero de minas José de Gorostízaga y López descubrió un importante yacimiento de fosfatos en los alrededores del Barranco de la Hoz. Este yacimiento, junto al de Logrosán en Cáceres, se convertiría en uno de los más antiguos de su tipo conocidos en España. Su explotación, a cargo de la Sociedad Termoeléctrica Industrial Española, comenzó en 1924 y llegó a producir 2.000 toneladas de mineral en su primer año de laboreo, aunque tampoco alcanzó una escala duradera.
Siglo XX: el carbón del Barranco de la Hoz
La actividad minera más reciente y mejor documentada de la comarca se concentró en Sierra Espuña, concretamente en el Barranco de la Hoz, en término municipal de Mula. Aquí se explotó lignito y carbón de origen eoceno, enclavado en un intervalo de margas y margocalizas con gasterópodos y bivalvos del Eoceno Inferior y Medio, con una datación geológica de decenas de millones de años.
Su descubrimiento fue totalmente fortuito. En los primeros meses de 1917, un obrero encontró en el barranco una arcilla negra pulverulenta que comenzó a usar como combustible doméstico. Una pequeña excavación sacó a la luz una capa de carbón duro y brillante de unos cincuenta centímetros de potencia. Ese primer hallazgo, bautizado como mina "San Vicente" y gestionado por la sociedad Nueva Industria de Cartagena, coincidió con el auge de la demanda de carbón provocado por la Primera Guerra Mundial y generó un considerable movimiento de registros en toda la zona.
La explotación llegó a alcanzar una producción diaria de diez toneladas de mineral, pero el elevado coste del transporte —el carbón debía recorrer más de seis kilómetros a lomo de mulos hasta el descargador— limitó enormemente su rentabilidad, y la mina cerró al terminar el conflicto bélico.
La segunda etapa llegó en la década de 1940, impulsada por la escasez de combustibles de la Segunda Guerra Mundial. Con 47 obreros y galerías sin mecanizar, la explotación retomó su actividad, hasta que una tromba de agua en marzo de 1944 inundó las instalaciones y arruinó definitivamente la operación. Una última fase, entre finales de los años cincuenta y 1966, vio trabajar a mineros procedentes de Mula, Pliego, Alhama y El Berro en condiciones muy duras: inundaciones frecuentes, transporte con mulos y sueldos de apenas nueve pesetas diarias. La llegada del fueloil al mercado energético español puso el punto final a la actividad.
Estas minas nunca alcanzaron la relevancia de los grandes distritos murcianos, pero marcaron la memoria colectiva de la comarca: escombreras, galerías inundadas, casas de obreros y un valioso testimonio oral de los últimos mineros son el legado que dejaron.
Hoy la minería metálica y carbonífera ha desaparecido por completo en Mula y su comarca. Los cerros de travertino están protegidos y no son reactivables. Sin embargo, este pasado mineral constituye un patrimonio histórico e industrial de enorme valor cultural que merece ser conocido, estudiado y puesto en valor.
Iniciativas como la catalogación de Lugares de Interés Geológico promovida por el IGME, o la integración del patrimonio geológico en la oferta turística vinculada a los Baños de Mula, los yacimientos argáricos de La Almoloya o las rutas por Sierra Espuña, abren la puerta a que este legado pueda convertirse en un recurso turístico, educativo y científico de primer orden para el municipio.
La historia de las minas de Mula no es solo la historia de unos hombres que abrieron galerías en la roca. Es la historia de una tierra que, durante siglos, guardó en sus entrañas una riqueza que pocos imaginan y que hoy, más que nunca, merece su lugar en la memoria colectiva.
FUENTES:
- Gutiérrez, M.B. et al. (2020). Estudio sobre el travertino rojo de Baños de Mula. CSIC/Dialnet.
- Soler Huertas, B. (2012). El travertino rojo en la arquitectura romana de Carthago Nova. CSIC.
- Guillén Mondéjar, F. et al. (2005). La Industria Minera en Murcia durante la época contemporánea. Universidad Politécnica de Cartagena / Universidad de Murcia. ResearchGate.
- Instituto Geológico y Minero de España (IGME). El Patrimonio Geológico de la Región de Murcia. web.igme.es
- Instituto Geográfico Nacional. Atlas Nacional de España — Minería. atlasnacional.ign.es
- Sierra Espuña Viva. Actividad Minera de Sierra Espuña. www.sierraespunaviva.com
- Boletín Informativo del Parque Regional de Sierra Espuña (1997).
- Testimonios orales de mineros del Barranco de la Hoz.
- Región de Murcia Digital. La Minería Romana. www.regmurcia.com
- Región de Murcia Digital. Patrimonio Geológico de Murcia. www.regmurcia.com
- basilioparedes.com — Documentación sobre canteras romanas de travertino.
CATEGORÍA: Historia Local / Naturaleza
AUTOR: Ángel García
FECHA: Marzo de 2026
Etiquetas : minería Mula, historia minería Murcia, travertino rojo Baños de Mula, Barranco de la Hoz mina, Sierra Espuña carbón, patrimonio geológico





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