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xiste una paradoja curiosa en la historia de Fray Pablo Manuel Ortega: durante generaciones ha sido llamado "el muleño", y la ciudad de Mula le dedica una calle con el título de "Cronista Fray Pablo Manuel", pero los documentos históricos revelan que en realidad no nació en Mula sino en Honrubia, una pequeña localidad de la provincia de Cuenca. Lo que sí es verdad absoluta es que Mula fue el lugar que lo formó, lo moldeó y lo lanzó al mundo como uno de los intelectuales franciscanos más notables del siglo XVIII español. Honrubia lo trajo al mundo; Mula lo hizo grande.
EL ORIGEN: UN HIJO DE HONRUBIA
Pablo Manuel Ortega nació en Honrubia y en 1707 ingresó en el convento franciscano de Mula. Tenía en torno a dieciséis años cuando cruzó los límites de la provincia de Cuenca y bajó hasta el sureste, hasta esa ciudad de Mula donde los frailes menores contaban con uno de los conventos más importantes de toda la Provincia Franciscana de Cartagena. Allí tomó el hábito, hizo sus votos y comenzó una carrera intelectual que lo llevaría a recorrer un cuarto de la Península Ibérica con un cuaderno bajo el brazo.
Que un joven conquense eligiera el convento de Mula para su vida religiosa no era casual. El Convento de San Francisco de Mula, fundado en el siglo XVI y consolidado junto a la iglesia de la Purísima Concepción desde 1581, era considerado el segundo en importancia de toda la Provincia después del de la capital murciana. Era un centro de formación de primer nivel, con una biblioteca, cátedras de filosofía y teología, y una comunidad intelectualmente activa.


LA FORMACIÓN: MAESTRO DE DUNS ESCOTO
En el convento de Mula culminó su carrera escolar y pasó varios años enseñando la filosofía de Duns Escoto. Duns Escoto era el filósofo predilecto de los franciscanos, un pensador medieval escocés cuyo sistema filosófico, el escotismo, era el contrapeso franciscano al tomismo de los dominicos. Enseñar Escoto en un convento del siglo XVIII significaba ser un hombre versado en metafísica, lógica y teología especulativa. Ortega no era un simple fraile devoto: era un académico de pleno derecho, con el rango de ex-lector de Filosofía, equivalente a lo que hoy llamaríamos doctor en Filosofía.
Junto a ello alcanzó el cargo de ex-Definidor, uno de los puestos de gobierno más relevantes dentro de la estructura de la Orden. Era, en otras palabras, un hombre que había llegado a lo más alto de la vida intelectual y administrativa franciscana. Y fue precisamente esa combinación de rigor académico y capacidad organizativa lo que lo convirtió en el candidato ideal para la empresa más ambiciosa de su vida.
EL GRAN ENCARGO DE 1731
En 1731 la congregación provincial le encargó redactar la Crónica de la Provincia de Cartagena. Convertido en cronista, dejó las clases y comenzó a recoger materiales para redactar la historia del franciscanismo en esa extensa demarcación territorial. El encargo venía avalado además por una resolución de alcance mundial: el Capítulo General de los Frailes Menores de 1729 había determinado que todas las provincias del mundo debían documentar sus miembros ilustres, sus conventos y su historia. Era un proyecto de memoria colectiva de proporciones gigantescas, y en la Provincia de Cartagena el elegido para llevarlo a cabo fue el fraile de Honrubia criado en Mula.
La Provincia Franciscana de Cartagena era entonces una realidad territorial enorme. Contaba con 49 monasterios de frailes menores, 31 conventos de monjas de la segunda orden y en torno a mil frailes. Abarcaba territorios que hoy corresponden a Murcia, Albacete, gran parte de la actual provincia de Cuenca, zonas de Alicante y otras comarcas limítrofes. Visitar todos y cada uno de esos conventos, consultar sus archivos, entrevistar a sus ancianos y copiar sus documentos fue una labor que consumió más de una década de vida activa.
Ortega era ya un hombre maduro cuando comenzó ese periplo. Tenía cuarenta años y había pasado la mitad de su vida entre los claustros de Mula. Pero dejó las aulas, recogió sus bártulos y se puso en camino. Durante años fue de convento en convento, de archivo en archivo, de ciudad en ciudad, construyendo con paciencia benedictina el edificio monumental de su gran obra.
LA OBRA CUMBRE: LA CRÓNICA DE LA PROVINCIA
El resultado de aquel peregrinaje intelectual fue la Chronica de la Santa Provincia de Cartagena, de la Regular Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, publicada en varios volúmenes. El manuscrito original de gran parte de la obra, escrito de puño y letra del propio Ortega, se conserva en la Biblioteca Universitaria de Oviedo, Sección de Manuscritos, con el número M-253, donde llegaría probablemente por mediación de don Roque Pidal. El primer volumen vio la luz en 1740; la segunda parte fue impresa en Murcia en la imprenta de Francisco López Mesnier en 1746. Y en 1980, casi dos siglos y medio después de ser escrita, la obra fue reeditada en facsímil por la Editorial Cisneros de Madrid dentro de la colección Crónicas Franciscanas de España, con introducción del padre Juan Meseguer Fernández. Que una obra del siglo XVIII merezca reedición facsímil en pleno siglo XX dice todo sobre su valor historiográfico.
La Crónica no es una simple relación piadosa de frailes virtuosos. Es una enciclopedia viva de la historia religiosa, social y económica del sureste español durante tres siglos. En sus páginas se documenta la fundación de cada convento, los debates internos de la Orden, las relaciones con el poder civil y episcopal, los benefactores nobles o burgueses que financiaron las edificaciones, las rentas que sostenían las comunidades, los conflictos entre conventuales y observantes, y los hombres y mujeres que dieron lustre espiritual a cada comunidad. Es una fuente de primer orden para entender cómo funcionaba la sociedad del Antiguo Régimen en el Levante español.
LA DESCRIPCIÓN CHOROGRÁFICA: EL ARQUEÓLOGO INVOLUNTARIO
Paralela a la gran Crónica, Fray Pablo Manuel Ortega redactó otra obra de notable alcance: la Descripción Chorográfica del sitio que ocupa la Provincia Franciscana de Cartagena, un texto que permaneció inédito durante siglos y que fue publicado por la Editorial Espigas de Murcia en 2008, con transcripción de Luis Pérez Simón, introducción del historiador Juan González Castaño y notas críticas de Pedro Riquelme Oliva y F. Javier Gómez Ortín.
Este texto tiene una dimensión que Ortega probablemente no imaginó: en él describió con detalle inscripciones romanas halladas en distintos puntos del territorio que recorrió, convirtiéndose sin pretenderlo en el primer testimonio escrito de esas epigrafías. Lo que para él era una curiosidad documental o un adorno erudito en su descripción geográfica, para los historiadores modernos es oro puro: la primera fuente que certifica la existencia de esos monumentos latinos. Es decir, este fraile del siglo XVIII fue, sin saberlo, uno de los pioneros de la epigrafía latina en el interior peninsular.
En esa misma Descripción se recoge además lo que ha sido identificado como el primer elogio escrito conocido del imafronte de la Catedral de Murcia, la grandiosa fachada barroca que hoy es símbolo de la ciudad. Que un fraile nacido en Honrubia y criado en Mula fuera el primero en poner por escrito la admiración que esa obra maestra del barroco tardío provocaba en los viajeros es un hecho lleno de significado.
UN ESCRITOR PROLÍFICO: OTRAS OBRAS
Fray Pablo Manuel Ortega no fue un autor de una sola obra. Su pluma fue productiva y variada. Entre sus trabajos destaca también la Maravillosa vida y feliz muerte de la Venerable Madre Sor Mariana de Santa Clara, fundadora del Real Monasterio de la Encarnación de la Villa de Mula, una hagiografía dedicada a la figura espiritual que fundó el convento de clarisas de su ciudad adoptiva. Esta obra es al mismo tiempo un texto devoto y una fuente histórica de primera mano sobre la vida religiosa y cotidiana de Mula en los siglos XVII y XVIII.
Pero hay más. La historia de las sudoraciones del Santo Rostro de Honrubia, sus prodigiosos milagros y la construcción de un templo que lo albergara fueron recogidos en un libro escrito por el propio Pablo Manuel Ortega, natural de Honrubia, publicado dos años después de los hechos. Los hechos en cuestión ocurrieron en 1723, cuando la imagen del Santo Rostro de su pueblo natal supuestamente sudó agua y sangre ante la presencia de numerosos testigos. El libro se perdió durante siglos hasta que fue encontrado en 2021 y reeditado. Este texto revela que Ortega nunca olvidó sus raíces conquenses y que, a pesar de vivir volcado en la historia franciscana del sureste, mantuvo un vínculo sentimental e intelectual con la tierra que lo vio nacer.
También documentó la leyenda del Niño de Mula, la historia del pastor Pedro Botía que en 1648 tuvo una aparición del Niño Jesús durante la terrible epidemia de peste bubónica que asoló la comarca. El hecho de que un cronista de la seriedad y el rigor de Ortega consignara por escrito este relato le confiere una dignidad histórica especial.

UN HOMBRE ENTRE DOS MUNDOS
La figura de Fray Pablo Manuel Ortega nos coloca ante una vida entera dedicada a una sola causa: preservar la memoria. Nacido en la tierra alta de Cuenca, formado en los claustros de Mula, viajero incansable por los caminos del sureste español durante más de una década, escritor de varios libros que abarcan desde la gran crónica institucional hasta la pequeña historia local y la devoción popular, Ortega fue lo que hoy llamaríamos un historiador de campo. No escribía desde una biblioteca cómoda. Escribía desde el camino, desde la celda prestada, desde el archivo polvoriento del convento de turno.
Murió hacia 1767, habiendo vivido casi ocho décadas que abarcaron desde los últimos años de Carlos II hasta el apogeo ilustrado de Carlos III. Fue contemporáneo del nacimiento de la Ilustración y, aunque su obra respira todavía el espíritu del barroco religioso, su método historiográfico —consulta de fuentes primarias, contraste de testimonios, descripción directa de lo que veía— lo acerca más a un erudito ilustrado que a un simple compilador devoto.
Hoy una calle de Mula lleva su nombre. Su manuscrito autógrafo duerme en Oviedo. Su Crónica se reeditó en Madrid. Sus epigrafías conquenses se estudian en Barcelona. Y en Honrubia, su pueblo natal, se celebra cada año en septiembre la procesión del Santo Rostro que él mismo fue el primero en relatar. Pocos hombres del siglo XVIII murciano pueden presumir de una pervivencia tan plural y tan viva.
La identificación popular de Ortega como "el muleño" se debe a que toda su vida religiosa, su formación y su actividad transcurrieron en Mula y en la Provincia Franciscana de Cartagena. Su lugar de nacimiento, Honrubia (Cuenca), era parte del mismo territorio provincial franciscano, lo que explica que ingresara en el convento muleño y que la tradición local lo haya reclamado siempre como hijo propio.
FUENTES
- Cronica de la Santa Provincia de Cartagena — del propio Fray Pablo Manuel Ortega. Primera edición: Murcia, Imprenta de Francisco López Mesnier, 1746. Reedición facsímil: Editorial Cisneros, Madrid, 1980. Colección Crónicas Franciscanas de España, vol. 13. Introducción del P. Juan Meseguer Fernández.
- Descripción Chorográfica del sitio que ocupa la Provincia Franciscana de Cartagena — del propio Fray Pablo Manuel Ortega. Publicada por Editorial Espigas, Murcia, 2008. Transcripción de Luis Pérez Simón. Introducción de Juan González Castaño. Notas de Pedro Riquelme Oliva y F. Javier Gómez Ortín.
- Biblioteca Universitaria de Oviedo, Sección de Manuscritos, M-253 — manuscrito autógrafo de la Crónica, de puño y letra del propio Ortega.
- Archivo Ibero-Americano, tomo I, 1914 — primera publicación parcial de la Descripción Chorográfica.
- Sylloge Epigraphica Barcinonensis, 2023 — estudio académico que analiza las inscripciones romanas de Tébar (Cuenca) descritas por Ortega en el siglo XVIII, identificándolo como el primer testimonio conocido de esas epigrafías.
- González Castaño, Juan — historiador de Mula, autor de Ensayos sobre literatura muleña, donde se recoge la denominación de Ortega como "el muleño" y se estudia su figura. También autor de la introducción de la Descripción Chorográfica (2008).
- Libro sobre el Santo Rostro de Honrubia — obra del propio Ortega sobre las sudoraciones milagrosas de 1723 en su pueblo natal, perdida durante siglos y reencontrada y reeditada en 2021.


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