
E
n el corazón de la Región de Murcia, en el municipio de Mula, se guarda uno de los tesoros religiosos más extraordinarios de España: una astilla de la corona de espinas con la que los soldados romanos coronaron a Jesucristo antes de su crucifixión. Custodiada durante siglos por las Hermanas Clarisas del Real Monasterio de la Encarnación, esta reliquia conocida como la Santa Espina de Mula ha sobrevivido a epidemias, guerras civiles y el paso del tiempo, convirtiéndose hoy en un referente espiritual y cultural de primer orden que atrae a peregrinos y visitantes de toda España y del extranjero.

Real monasterio _imagen de archivo
Los orígenes históricos de la corona de espinas se remontan al siglo I de nuestra era, cuando el uso de esos cascos de espino era una práctica habitual de los soldados romanos para humillar y ridiculizar a los prisioneros, especialmente durante las Saturnalias, coronando al reo como rey antes de ejecutarlo. Este instrumento de tortura y burla se convertiría, con el paso de los siglos, en uno de los símbolos más poderosos de la fe cristiana.
Mencionada por peregrinos en el siglo V en las inmediaciones de Jerusalén, la corona fue llevada a Constantinopla en el siglo X y, posteriormente, repartida por todo el mundo cristiano. Al parecer, la reliquia se encontraba entre los objetos más preciados que trajo Elena de Constantinopla, y la corona completa pertenecía al emperador Balduino II, quien la ofreció al rey de Francia, Luis IX. El rey francés, canonizado posteriormente como San Luis, mandó construir la Sainte-Chapelle en París para custodiarla, siendo uno de los edificios góticos más espléndidos jamás erigidos con ese fin. Tras la Revolución Francesa, los restos que permanecían en la capital gala pasaron a custodiarse en la catedral de Notre-Dame.
Durante años, las espinas se fueron legando de reyes a nobles y de nobles a instituciones religiosas. En España existen dos de ellas: una en la catedral de Barcelona y otra en el Real Monasterio de la Encarnación de Mula.
La figura que hace posible la llegada de la Santa Espina a Mula es la de Fray Pedro de Jesús, conocido también como Pedro Botía, uno de los personajes más fascinantes de la religiosidad murciana del siglo XVII. Pedro Botía nació en Mula en 1633 y, tras perder a su familia directa en la epidemia de peste de 1648, fue acogido por unos parientes en la pedanía del Niño de Mula. Ese mismo año, mientras pastoreaba con su rebaño, tuvo la visión del Niño Jesús de Belén y, tras escuchar de su boca la frase "Toma la cruz y sígueme", el pastor tomó los hábitos e ingresó en la orden franciscana, pasando a ser Fray Pedro de Jesús.
La vida de este fraile muleño no fue sencilla ni estática. Habitó en diferentes conventos de la Diócesis de Cartagena y después decidió peregrinar a los Santos Lugares. A su regreso estuvo en Asís, Italia, hasta que, tras una segunda aparición del Niño, este le pidió que regresara a España. En su viaje de vuelta, el fraile conoció en Génova al Conde de Lemos, y el aristócrata le introdujo en los ambientes de la corte, donde conocería al hermano de Carlos II, Don Juan José de Austria, convirtiéndose en su consejero y confesor.
La relación entre Fray Pedro de Jesús y el Príncipe Juan José de Austria fue tan fructífera que, a su muerte, el Príncipe legó todas sus reliquias al religioso. Ya de vuelta a Mula, el clérigo repartió las reliquias según su criterio, y la Santa Espina fue a parar a las monjas del Real Monasterio de la Encarnación, donde desde entonces se custodia.

El convento que hoy acoge la reliquia tiene sus propios orígenes ligados a la figura de Fray Pedro. Él mismo impulsó su construcción gracias a las aportaciones recibidas de su protector real y de otras donaciones. En tan solo cinco años desde el inicio de las obras en 1680, las religiosas procedentes de Trujillo ya ocupaban el recinto. El edificio vino a sustituir a una antigua ermita consagrada a Nuestra Señora de los Olmos del siglo XVI. Posteriormente, el rey Carlos II incluyó la fundación dentro del Patrimonio Real, colocando un escudo de mármol con sus armas en el patio de acceso a la clausura, de ahí el apelativo de "Real" que lleva el monasterio desde entonces.
Uno de los capítulos más dramáticos de la historia de la Santa Espina tuvo lugar durante la Guerra Civil Española. Las Hermanas Clarisas, conscientes del peligro que corría la reliquia, la escondieron entre las propias paredes del monasterio para evitar su robo o destrucción. Cuando en 1939 volvieron al convento, casi todo derruido, guardaron en secreto la existencia de la reliquia por razones de seguridad, tanto para ellas como para la propia espina. Fue desenterrada y recuperada cuando la situación política lo permitió, en el último cuarto del siglo XX, iniciando así una nueva etapa de veneración discreta que duraría décadas.
El gran punto de inflexión en la historia reciente de la reliquia llegó en 2016, cuando el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, confirmó oficialmente que la Santa Espina conservada en el Real Monasterio de la Encarnación de Mula es auténtica y pertenecía a la corona de espinas que llevó Jesucristo en su Pasión. La autentificación se basó en una investigación rigurosa fundamentada en documentos históricos del Cardenal Belluga y otros obispos de la diócesis. El Obispado certificó mediante decreto la validez de los documentos existentes, con la finalidad de que el relicario pudiera ser oficialmente venerado por los fieles.
Tras la autentificación eclesiástica, el Ayuntamiento de Mula y la comunidad de Hermanas Clarisas pusieron en marcha un ambicioso proyecto para acondicionar una capilla específica dentro del monasterio que permitiera la exposición y salvaguarda de la reliquia. Se restauró la pintura mural de la estancia del comulgatorio y se instaló una vitrina de alta seguridad para garantizar tanto la preservación de la espina como su correcta exhibición pública. Desde entonces, centenares de personas acuden diariamente al Real Monasterio de la Encarnación para venerar la Santa Espina, llegando visitantes desde distintos puntos de España y de otros países.
El municipio de Mula ha sabido integrar la Santa Espina dentro de su oferta de turismo religioso y cultural. La reliquia forma parte del ramal del Camino de la Cruz que recorre la ciudad, guiando al peregrino a través de plazas, iglesias y palacios del Conjunto Histórico Artístico, declarado de Carácter Nacional en 1981. La Santa Espina se presentó por primera vez en FITUR 2017, la feria de turismo más importante de España, como uno de los grandes atractivos de la Región de Murcia, junto al vídeo promocional de la reliquia y los famosos dulces artesanales elaborados por las propias Clarisas en el obrador del monasterio.
El contexto devocional de la reliquia no puede entenderse sin mencionar la otra gran devoción de Mula: el Divino Niño de Mula, también conocido como el Niño de Balate. Ambas tradiciones están íntimamente unidas a través de la figura de Fray Pedro de Jesús, el fraile vidente que fue el origen de las dos. Esta doble herencia espiritual convierte a Mula en un lugar singular dentro del mapa devocional de la Región de Murcia y del conjunto de España.
Además de la Santa Espina, el Real Monasterio de la Encarnación alberga otras reliquias de gran valor, entre ellas una astilla de hueso de Santa Clara de Asís traída desde Roma, así como los propios restos de Fray Pedro Botía, cuya figura se reivindica cada vez más como símbolo de la identidad religiosa y cultural de Mula. El monasterio es también conocido por sus dulces artesanales y por el trabajo silencioso y cotidiano de la comunidad de clausura que lo habita desde hace más de tres siglos.
Hoy, la Santa Espina de Mula no es solo una reliquia de la Pasión de Cristo. Es la prueba viva de que la fe, la historia y la identidad de un pueblo pueden sobrevivir a guerras, epidemias y olvidos. Es el hilo conductor que une a una pequeña ciudad murciana con Jerusalén, Constantinopla, París y la corte de los Austrias. Y es, sobre todo, un lugar de encuentro donde peregrinos, creyentes y curiosos siguen acudiendo cada día para estar, aunque sea por un instante, cerca de algo que la tradición considera sagrado.
El relicario puede visitarse en el Real Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación de Mula. El horario habitual de visita es de mañanas de 10:30 a 13:30 y tardes de 16:30 a 18:30, aunque se recomienda confirmar el horario antes de la visita ya que puede variar según la actividad de la comunidad religiosa.

FUENTES:
Imágenes de www.regmurcia.com
CATEGORÍA: Religión / Cultura /
AUTOR: Ángel García
FECHA: Abril de 2026
Etiquetas : Santa Espina Mula, reliquia corona espinas Cristo, Real Monasterio Encarnación Mula, Fray Pedro de Jesús, Don Juan José de Austria, turismo religioso Murcia, reliquias,



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