Esta mañana, bajando a la capital, me ha llegado una canción a través de Spotify, de esas que aparecen cuando menos te lo esperas y que de repente te detienen por dentro aunque el coche siga andando, y al escucharla me ha venido a la mente todo esto que ahora les cuento, porque hay canciones que no entretienen sino que abren puertas, que tocan algo que uno llevaba cerrado sin saberlo y que de golpe necesita decir en voz alta.
Hay personas que entran en nuestra vida como entra el sol por una ventana abierta de par en par, sin pedir permiso, sin anunciarse, llenándolo todo de golpe y de calor, y sin que apenas nos demos cuenta van convirtiéndose en algo tan nuestro que ya no sabemos muy bien dónde terminamos nosotros y dónde empezaban ellas, porque el amor verdadero no ocupa un lugar en la vida, ocupa la vida entera y la cambia desde los cimientos, desde esos rincones que ni siquiera sabíamos que teníamos.
A esas personas, aunque el mundo diga que se han ido, yo me niego a llamarlas ausentes, porque no lo están, y cualquiera que haya amado de verdad sabe exactamente a qué me refiero. Viven en la sonrisa que nos asoma sin querer cuando suena aquella canción, viven en ese gesto que aprendimos de ellas y que seguimos repitiendo sin darnos cuenta, viven en la forma en que ahora miramos el mar o tomamos el café o decimos las cosas, viven, en definitiva, en todo lo que somos, porque somos también lo que ellas nos dieron, y eso no lo borra nadie, no lo borra el tiempo ni la distancia ni la muerte, que a veces creemos que todo lo puede y no puede con esto, no puede con el amor que ya echó raíces dentro de uno.
Supe hace poco de alguien que ha perdido a su pareja y que está pasando unos días muy oscuros, alguien a quien no tengo el honor de conocer en persona pero a quien quiero hablarle desde aquí, desde estas palabras sencillas, con todo el afecto del que soy capaz. A esa persona quiero decirle que lo que siente no es el fin de nada sino la prueba de que tuvo algo enorme, algo que muy poca gente llega a tener, y que ese dolor tan hondo que carga ahora es el mismo amor de siempre, que no ha desaparecido sino que no sabe todavía cómo seguir fluyendo, y que poco a poco aprenderá, porque el amor siempre encuentra el camino.
No hay prisa, y que nadie le diga que sí la hay. Su persona querida no se ha ido a ningún sitio extraño ni lejano, vive en su corazón, en esa parte de uno mismo que ya nadie puede tocar porque es lo más propio que tenemos, y estará ahí mañana y pasado y dentro de veinte años, calentando por dentro en los momentos más inesperados, recordándole quién es y de dónde viene y cuánto fue amado. Los rayitos de luz no se apagan, se transforman, y los que iluminaron nuestra vida de verdad se quedan dentro para siempre, ardiendo suavecito, acompañándonos en cada paso que damos hacia adelante.
Ángel García, Abril2026.
Ángel García. Abril 2026


Escribir un comentario