Con los votos del Partido Popular y la cobarde abstención de Vox, el Ayuntamiento de Murcia ha consumado lo que muchos temían: la entrega de un patrimonio cultural colectivo a los intereses privados. Más de un siglo de historia y cultura popular murciana, liquidado de un plumazo en una sala de plenos donde la ciudadanía gritaba en vano.
Había gritos. Había rabia. Había dignidad. Las pajareras del pleno municipal de Murcia estaban llenas de personas que sabían perfectamente lo que estaba pasando: que la derecha gobernante les estaba robando un pedazo de su ciudad. "Traición", "Cine Rex vivo", "estáis vendiendo la cultura de Murcia". Eso gritaba el pueblo. Y el PP, como acostumbra, miró hacia otro lado y levantó la mano.
La decisión es tan previsible como indignante: el Cine Rex, el último cine centenario de Murcia, con más de 110 años de historia a sus espaldas y testigo mudo de generaciones enteras de murcianos, podrá ahora reconvertirse en una tienda, una oficina, un restaurante o cualquier otro negocio que maximice el beneficio de su propietario privado. Eso es lo que la derecha llama "proteger el patrimonio".
Promesas que se hacen para romperlas
Lo más vergonzoso de todo no es solo la decisión. Es la hipocresía que la acompaña. El alcalde José Ballesta y el PP prometieron en campaña electoral mantener el Cine Rex. Lo prometieron mirando a los ojos de quienes después serían sus votantes. Y en cuanto tuvieron el poder consolidado, esa promesa fue exactamente lo que siempre fue para ellos: un instrumento electoral, no un compromiso real.
Hasta Vox, partido que comparte con el PP el amor por el mercado por encima de todo, tuvo que salir a escena a recordarles su palabra. No porque les importe la cultura, sino porque les convenía políticamente. Su abstención, eso sí, fue tan cómplice como el voto favorable del PP. Con ella, le allanaron el camino a la especulación y luego se lavaron las manos.
El PSOE fue el único grupo que votó en contra. Tarde, a veces, y con una oposición que no siempre ha estado a la altura, pero en este caso al menos plantó cara.
Casi 14.000 firmas que no importaron nada
Más de 13.000 personas firmaron para que el Cine Rex no cayera en manos del mercado. 13.000 murcianos que dedicaron su tiempo, su energía y su esperanza a creer que la democracia local sirve para algo más que para gestionar los negocios de unos pocos. El Ayuntamiento recibió casi cuatro mil alegaciones ciudadanas. Y las ignoró.
Esto es lo que hace la derecha con la participación ciudadana: la utiliza como decorado de legitimidad y luego la archiva. Las firmas no cotizan en bolsa, y por eso no cuentan.
El patrimonio no es una mercancía
El Cine Rex no es solo un edificio. Es memoria colectiva. Es el lugar donde generaciones de trabajadores y trabajadoras murcianas vivieron su ocio, su cultura, su vida compartida. Es un espacio que pertenece simbólicamente a toda una ciudad, aunque los papeles digan que es de una empresa privada, Carceserna S.L., gestora de la cadena Neocine.
Y precisamente ahí está la clave que la derecha no quiere que veamos: cuando el patrimonio cultural está en manos privadas y el poder público renuncia a protegerlo, el resultado siempre es el mismo. El mercado gana. La cultura pierde. El pueblo paga.
La lucha continúa
La plataforma ciudadana Cine Rex Vivo no se rinde. Tiene recursos de alzada pendientes ante la Consejería de Cultura regional, donde exige la declaración del edificio como Bien de Interés Cultural, una protección que el Gobierno regional ya rechazó iniciar en enero. Cada puerta que cierra la institución, la ciudadanía organizada encuentra la manera de volver a llamar.
Porque si hay algo que este pleno ha dejado claro, es que la batalla por la cultura pública, por los espacios comunes, por el patrimonio que nos pertenece a todos y a todas, no se gana en un salón de plenos rodeado de concejales que miran el reloj. Se gana en la calle, en la organización, en la memoria y en la resistencia.
El Cine Rex merece vivir. Y Murcia merece una clase política que no le venda su historia al mejor postor.
Cine Rex Vivo. La cultura no se vende, se defiende.
Ángel García.


