Hay un tipo de español que reza los domingos y vota los cuatro años siguientes pensando en que nadie le toque lo poco que tiene. No lo digo con desprecio, lo digo con cansancio, porque lo conozco.
Lo tengo de vecino, de compañero de trabajo ,en el bar de toda la vida.
Va a misa, se santigua al pasar por delante de la iglesia, tiene la Virgen del Carmen, o San Cristobal o la Cruz de Caravaca en el salpicadero del coche. Y luego, cuando le hablas de subir impuestos a quien más tiene para que el hospital de su pueblo tenga más de un pediatra, te dice que eso es "comunismo o pode nita “. Que el dinero es suyo, que para qué van a pagar él, que ya bastante le quitan.
Curioso, porque si hay un libro que habla claro sobre esto es precisamente el que dice tener en la mesilla de noche. Ese que cuenta lo del rico y la aguja de camello. Ese que pone, sin metáforas raras, que lo que le hagas al más pequeño se lo haces a Cristo mismo. No es una opinión política, es el catecismo de toda la vida, el que les enseñaron las monjas o los maristas, capuchinos, escolapios, etc.
Pero ahí se queda en la teoría, el domingo en el banco de la iglesia y el lunes votando a quien recorta camas de hospital.
Y luego pasa lo que pasa, te vas a Urgencias un sábado por la noche y hay siete horas de espera. Pides cita con el médico de cabecera y te la dan para dentro de doce días.
Conoces a alguien con un bulto que lleva semanas esperando una ecografía porque "no hay agenda". Esto no es una sensación, esto lo vive cualquiera que haya pisado un centro de salud en una comunidad gobernada por el PP en los últimos años.
La sanidad pública, la misma que pagamos todos con nuestras nóminas, se va deshilachando poco a poco, como un jersey viejo que nadie se atreve a remendar porque "no hay dinero".
¿No hay dinero? Curioso, porque para bajar impuestos a las rentas altas sí que lo hay. Para contratos con empresas privadas que después de cobrar dejan camas vacías, también. Lo que no hay es voluntad, y la voluntad en política, se demuestra con presupuestos, no con discursos del Día de la Hispanidad o con la prioridad nacional.
Lo más triste es que ese facha de bar, el que vota contra sus propios intereses, también espera turno en ese mismo pasillo de Urgencias. También su madre, también su hijo. Y aun así, cuando sale de allí cansado, jurando que "esto antes funcionaba mejor", al siguiente domingo vuelve a votar a quien lo dejó así. Porque le da más miedo que el inmigrante de turno "se aproveche" que el hecho de que su propio padre se muera en una lista de espera.
Es la paradoja de quien defiende fronteras para las personas, pero abre la puerta de par en par a quien le recorta derechos, siempre que vaya con corbata y hable de "la familia" y "los valores". Valores que, por lo visto, no incluyen que tu vecino tenga una sanidad digna, ni que el hijo del que limpia escaleras tenga las mismas oportunidades que el suyo.
Al final, la fe que predican algunos cabe en una hora de domingo. El resto de la semana, el prójimo que tanto citan en la homilía se queda esperando turno, como todos. Solo que algunos, además, han votado para que esa espera sea más larga.
Y ahora viene el Papa León a España, habla de los pobres, de los migrantes, de la dignidad de quien no tiene nada, y al día siguiente esa misma gente sigue votando exactamente igual. Aplauden al Papa el domingo y el lunes siguen defendiendo que bajar impuestos a los de arriba es "sentido común". Como si las palabras del Papa fueran un espectáculo bonito que se ve por la tele, y no algo que tenga que cambiarte absolutamente nada de cómo votas, de cómo tratas al que tienes al lado, de a quién le das tu confianza para gobernar.
Porque al final eso es lo que pasa: vienen, hablan bien, conmueven un rato, y luego todo sigue exactamente igual. La fe en las noticias, la cartera en bolsillo.
Y aquí en Murcia lo vemos cada día. Los mismos que se emocionan con la visita del Papa ,son los que después aplauden que el centro de salud del pueblo cierre por las tardes, que las listas de espera para una simple consulta con el especialista se vayan a los seis meses, que en pleno verano falten médicos de refuerzo en los centros de toda la vida. La región lleva años con la sanidad pública tocada, con profesionales quemados y plantillas que no llegan, mientras se sigue hablando de "modelo de gestión eficiente" como si las palabras bonitas tapasen las horas de espera en un pasillo de Urgencias en Cartagena,en la Arrixaca ,en Lorca o aquí mismo, en Mula.
El Papa se va, las cámaras se apagan, y la Región sigue su rumbo de siempre.
Ángel García 2026



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