Cada vez que se habla de vivienda en el Congreso, alguien busca un culpable fuera del hemiciclo, y últimamente suele venir de otro país. Conviene mirar antes el resultado de la votación, que es público y no admite interpretaciones. Las medidas de protección en materia de vivienda no salieron adelante porque PP, Vox y Junts votaron en contra.
Tres partidos con ideas distintas en casi todo que esta vez sumaron, y no por casualidad: los tres comparten la costumbre de proteger al que tiene muchas casas antes que al que busca una. Se puede discrepar de una norma, y quien lo hace tiene derecho a explicarlo.Lo que cuesta más explicar es por qué, mientras se votaba, el debate público hablaba de otra cosa. Los inmigrantes no tienen escaño ni voto en el Congreso, y no han frenado ninguna ley.
Culparles del precio del alquiler es cómodo, pero no resiste una comprobación sencilla: basta ver quién pulsó el botón. Es una vieja técnica, la de señalar al de abajo para que nadie mire al de arriba, y lleva funcionando mucho más tiempo del que debería. La Constitución habla del derecho a una vivienda digna, y lo dice en un artículo que se cita mucho y se cumple poco. Un derecho que depende de que el mercado quiera, o de que tus padres tengan un piso de sobra, se parece más a un privilegio.
Por eso importa tanto que se pueda regular, que se proteja a quien alquila y que se construya vivienda pública de verdad, no solo anuncios de vivienda pública. Quien más lo nota es la gente joven. Sin un piso heredado o una ayuda de la familia, irse de casa es hoy una carrera de obstáculos, y eso afecta igual a quien vota a unos que a quien vota a otros. Hay jóvenes que simpatizan con los partidos que bloquearon estas medidas y que, cuando les toque buscar piso, se encontrarán en la misma cola que todos, con los mismos precios y las mismas fianzas. Hay quien pide más presión en la calle, y es una opción razonable cuando el Parlamento no responde.
Las leyes que protegen a la gente casi nunca han llegado solas: se han ganado con organización, con vecinos que se juntan y con partidos que escuchan. Pero la calle tiene su límite en las urnas. Detrás de cada desahucio y de cada familia sin casa hay decisiones políticas, y es justo que se sepa quién las tomó. A quien se siente de izquierdas le toca algo más que indignarse: explicarlo con calma, votar y convencer al que duda. La vivienda no se va a arreglar sola, ni con discursos contra el vecino. Se arregla con mayorías que quieran arreglarla
Angel Garcia 2026




Escribir un comentario